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En cuanto a los motivos ornamentales , es obvio que su efecto es directamente proporcional a la superficie que ocupan. Así pues, en principio para una habitación pequeña conviene que el papel tenga también pequeños, y para una habitación baja de techo serán muy adecuadas las rayas verticales. No deben ponerse nunca papeles rameados en un dormitorio, ni los que tiene representadas plumas en un despacho. Y, naturalmente, en el cuarto de un bebe ningún color ni dibujo que puedan turbarle. También es preferible no reunir diferentes dibujos en una misma habitación, pues los ritmos obsesivos o los efectos ópticos muy acusados son perjudiciales, sobre todo para las personas muy nerviosas. El arte tiene sus reglas y hay que seguirlas. Más, por otra parte, si puede resultar muy agradable una alegre mezcolanza de flores, hojas y ramas, o de dibujos geométricos variados que, dentro de su diversidad, conservan una unidad de estilo o de género.

Puede llegar a ser deliciosa una minúscula habitación metamorfoseada en selva virgen gracias a la magia del papel pintado. ¿ Y que decir del cuarto de un adolescente cuyas paredes y techo , pintados en negro, aparecen inundados de guirnaldas y rosas? Son soluciones osadas, pero si se acierta a darles la exacta dimensión resultan bellas.